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sábado, 7 de abril de 2012

CATEQUESIS SOBRE LA GRAN VIGILIA PASCUAL (I)



Catequesis sobre la gran Vigilia pascual (I)
Javier Sánches, tomado  del blog religiónenlibertad.com

Comenzamos ya a ver la Vigilia pascual, con una serie de catequesis que desglosen su liturgia y su sentido, el modo de realizarla y cómo participar plena, consciente, activa, interiormente, fructuosamente también.

Es la celebración amadísima por la Iglesia, la "madre de todas las santas vigilias", el día en que actuó el Señor, el día nuevo, día octavo, día del Señor. Aquí la asistencia del pueblo cristiano entero revela el amor por Cristo y el trabajo realizado durante la Cuaresma. ¡Es el día de los días! Ha llegado: ésta es la noche testigo de Cristo que resucita, y nosotros velamos aguardando la Gloria de Cristo. ¿Se puede faltar? ¿O porque no sea de precepto ya nos dispensamos por comodidad, pereza, falta de costumbre? ¡Hemos esperado tanto hasta llegar a esta Noche!

El horario nocturno, propio de la Tradición, no puede impedirnos participar (en Navidad, con más frío, las familias acuden a la Misa de medianoche); cuánto le debemos a Pío XII que en 1955 restauró el horario nocturno y revisó la celebración pascual aun cuando no acaba de penetrar en la vida parroquial y pastoral, en la espiritualidad y fervor de los fieles. Pensemos que esta celebración nocturna, una vigilia para pasar la noche en vela, se fue adelantando progresivamente hasta terminar celebrándose -¡qué contradicción!- en la mañana del Sábado Santo. Amanecía y se estaba encendiendo el cirio pascual; la luz empezaba a entrar por las ventanas de la iglesia, y se cantaba "Ésta es la noche" en el Pregón pascual. Algunos reivindican hoy volver a ese horario extraño aduciendo un falso concepto de "tradición", así en minúsculas. Desde Pío XII, la Vigilia pascual volvió a su horario nocturno, tal como los textos litúrgicos rezan: "in nocte sanctissima"

¡Es la gran noche, es la Pascua de Jesucristo!

Es una celebración del todo especial y en nada se parece a una Misa vespertina del domingo, ni se puede anunciar como Misa del sábado por la tarde, ni se puede realizar buscando la brevedad como si fuera una Misa vespertina.

Es vigilia, tiempo que se le roba al sueño nocturno para estar como las vírgenes prudentes con las lámparas encendidas esperando que vuelva el Esposo (cf. Mt 25). La comunidad cristiana se reúne: padres con sus hijos, los abuelos, los catequistas de niños, jóvenes y adultos, los miembros de Cáritas, de la Pastoral de Enfermos, Asociaciones, Grupos, Movimientos, Cofradías, Adoración Nocturna, los religiosos y religiosas de vida activa... presididos por el sacerdote con los diferentes ministerios (acólitos, lectores, cantores, salmista): ¡una sola gran Vigilia Pascual, una sola y santa Iglesia Católica! Nada elitista, ni particular, ni para una élite: es todo el pueblo cristiano, grande, numeroso, variado.

La primera parte de la Vigilia pascual es el Lucernario: el fuego nuevo del que se enciende el cirio pascual y después las velas de los fieles para entrar en procesión al templo, aclamando a Cristo Luz. Elemento antiguo éste que ritualizó y dio contenido espiritual-cristológico al gesto funcional de la Iglesia de encender las luces para el oficio vespertino y para las Vigilias. La normativa actual:

"82. La primera parte consiste en una serie de acciones y gestos simbólicos que conviene realizar con tal dignidad y expresividad que su significado propio sugerido por las moniciones y las oraciones, pueda ser realmente percibido por los fieles. En el lugar adecuado y fuera de la iglesia, en cuanto sea posible, se preparará la hoguera destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche.

Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único, relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo. La bendición del cirio se hará con los signos y las palabras propuestas por el Misal o con otras, aprobadas por la Conferencia de Obispos.

83. La procesión en la que el pueblo entra a la iglesia se ilumina únicamente por la llama del cirio pascual. Del mismo modo que los hijos de Israel durante la noche eran guiados por una columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado. Nada impide que a las respuestas "Demos gracias a Dios" se añada a alguna aclamación dirigida a Cristo.

La llama del cirio pascual pasará poco a poco a las velas que los fieles tienen en sus manos, permaneciendo aún apagadas las lámparas eléctricas.

84. El diácono proclama el pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación. Si fuese necesario, o por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, puede ser proclamado por un cantor. Las Conferencias de los Obispos pueden adaptar convenientemente este pregón introduciendo en él algunas aclamaciones de la asamblea" (Cong. Culto Divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).

Destaquemos algunos puntos:

* El cirio ha de ser nuevo cada año, hermoso, ¡porque es en honor del Señor! Es cicatería vergonzosa utilizar un año y otro el mismo cirio. La Pascua es novedad del Señor que lo hace todo nuevo.

* Siendo una parte festiva, llamativa, la del lucernario, debe tener su medida y proporción, porque no es lo más importante esta noche: es un prólogo, una introducción amplia, pero el peso específico va a venir después.

* Hay una gradualidad en la procesión con el cirio; tres veces se le aclama: "Luz de Cristo", "Demos gracias a Dios"; a la segunda aclamación, en la puerta del templo, se encienden las velas de los fieles; tras la tercer aclamación, al pie del presbiterio "se encienden todas las luces de la iglesia" según las rúbricas, sin celebrar la Liturgia de la Palabra a oscuras (como algunos hacen) o encender sólo unas pocas luces y luego en el Gloria otras pocas y finalmente todo en el Aleluya (un poco teatral). Se encienden todas porque es éste el momento del Lucernario y la aclamación a Cristo-Luz.

* Vamos todos en procesión precedidos por el cirio, sin dividir la asamblea litúrgica (unos en el templo, sentados a oscuras y otros fieles en procesión). El cirio debe ser el que rompa la oscuridad del templo y los fieles todos detrás del Señor.

En el plano espiritual, la vivencia interior, el Lucernario es rico y expresivo para todo el pueblo cristiano:

Aquél que dijo "Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas" lo actualiza ahora litúrgicamente. Vivir cristianamente es ser iluminado por Cristo, seguir la Luz y no vivir en tinieblas.

         Aquél a quien vemos despreciado en la Cruz y que descendió a los infiernos, a las sombras de la muerte, es ahora el Señor del tiempo y de la historia, como se destaca al signar el Cirio pascual: "Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". ¡Hay esperanza! La historia tiene una clave de sentido, Jesucristo.

Aquél que fue apagado en la Cruz es encendido por el Espíritu en la Resurrección y su vida se nos comunica a nosotros a medida que encendemos nuestra vida en la de Él (significado en la transmisión de la luz del Cirio pascual a las velas de los fieles).

Cristo es la verdadera columna de fuego que guía a su pueblo, así como estaba prefigurado cuando una columna de fuego iluminaba a los hijos de Israel.

En la procesión, aclamando a Cristo-Luz, supliquemos ser iluminados nosotros; desaparezcan las tinieblas interiores que a veces nos ofuscan.

El pregón pascual, el gran canto inaugural de la Vigilia pascual, nos pondrá en situación: En esta noche, Cristo vence todo; el Padre reconcilia al hombre consigo por el sacrificio pascual del Hijo y "de nada nos hubiera valido haber nacido si no hubiésemos sido redimidos", por eso, "Oh feliz culpa que mereció tal Redentor!" ¡Cuánta gratitud y expectación debe brotar en el corazón ante esta noche que actualiza y nos comunica los prodigios y gestas salvadores del Resucitado!

Veamos los textos eucológicos.

La monición inicial que señala el Misal romano invita así a los fieles:

"En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor, oyendo su palabra y celebrando sus misterios [sentido de la Vigilia: velar, orar, escuchar y celebrar], podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en Dios [dimensión escatológica de la Vigilia]".

La oración de bendición del fuego suplica que "la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz". Otra vez la escatología, porque la Vigilia pascual orienta el corazón al deseo de la vida eterna y de la resurrección de nuestra carne al final de los tiempos. ¡La Vigilia pascual es anticipo del cielo!

Por eso, qué fuerza tienen las palabras al encender el cirio, tan evocadoras, tan impactantes para todos: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

Ésta es la primera parte de la Vigilia pascual. Posee fuerza evocativa, y quien no la ha vivido nunca (pero la va a vivir este año, seguro) quedará impresionado por la belleza litúrgica y espiritual de la Vigilia pascual. A ello nos dispone la Cuaresma.

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