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jueves, 12 de mayo de 2011

LA RELACION ENTRE JUAN PABLO II Y LA DIVINA MISERICORDIA

LA RELACIÓN ENTRE JUAN PABLO II
Y EL MENSAJE DE SANTA FAUSTINA.

La vida terrena de Juan Pablo II fue coronada con el mensaje central de su Pontificado, el de la Divina Misericordia. Las claves de las revelaciones de Cristo a la santa polaca, para hacer llegar a un público amplio el mensaje de la Divina Misericordia, radican en la relación de Juan Pablo II y su pontificado con este mensaje.

¿Por qué Benedicto XVI ha querido hacer coincidir la beatificación de Juan Pablo II con la fiesta de la Divina Misericordia?

Benedicto XVI en 2008 dijo: “Juan Pablo II se convirtió (…) en apóstol de la Divina Misericordia. En la noche del inolvidable sábado 2 de abril de 2005, cuando cerró los ojos a este mundo, se celebraba precisamente la vigilia del segundo domingo de Pascua, y muchos observaron la singular coincidencia, que unía en sí la dimensión mariana – primer sábado del mes – y la de la Divina Misericordia”. Al fijar la fecha de la beatificación de Juan Pablo II, el Papa ha querido subrayar con todavía más intensidad esa providencial “coincidencia”.

Basándose en esas palabras de Benedicto XVI, podemos desgranar en tres ideas los motivos por los que el Romano Pontífice ha elegido esa fecha.

La primera es que Benedicto XVI ha entendido, con la misma fuerza que su predecesor, la importancia de este mensaje para la sociedad moderna: “¡Cuánta necesidad de la misericordia de Dios tiene el mundo de hoy!”, había afirmado Juan Pablo II.

La segunda es que el Papa se da cuenta de que el mejor modo de propagar ese mensaje todavía más es poniéndolo bajo la intercesión del Papa polaco, que fue quien instituyó el Domingo de la Divina Misericordia en la Iglesia Universal.

Y la tercera idea no es más que una consecuencia lógica de las dos primeras: ¿Qué mejor manera de propagar el mensaje de la Divina Misericordia que haciéndolo coincidir con el que probablemente sea el evento más multitudinario que tenga lugar en el Vaticano en este año 2011?

¿En qué consiste el mensaje de la Divina Misericordia?

El mensaje de la Divina Misericordia lo constituye el conjunto de revelaciones que sor Faustina recibió de boca de Nuestro Señor Jesucristo entre el 22 de febrero de 1931 y su muerte en 1938. En herencia nos quedó su Diario, que recoge todo lo ocurrido.
Quizás el término central del Diario sea la palabra “confianza”. Dios nos quiere a todos, no importa lo grande que sean nuestras faltas: su misericordia es más grande que todos nuestros pecados. Él quiere que nos acerquemos a Él con confianza y arrepentimiento, porque cuanto más confiemos en Él, más recibiremos. Jesús mismo reconoció que “no puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica mi compasión”. Podríamos decir que Jesús sufre doblemente cuando ve la desesperanza del pecador, porque éste añade, a su pecado, la desconfianza en el perdón de Dios: “la desconfianza de las almas desgarra mis entrañas”, dijo Jesús a santa Faustina. En cambio, Él nunca deja de desear “la confianza de mis criaturas (…) Que no tema acercarse a mí el alma débil, pecadora y aunque tuviera más pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de mi misericordia”.

Este mensaje, en sí impresionante, adquiere todo su contraste cuando se sitúa en contexto histórico: un siglo que ha visto dos guerras mundiales, el genocidio nazi, el comunismo totalitario, y tragedias menos espectaculares pero más devastadoras como la eugenesia y el aborto. También cabe aplicarlo a las circunstancias actuales, desde el fundamentalismo terrorista hasta el ataque a la familia y a la maternidad. El pensamiento occidental en decadencia, en crisis: Europa niega sus raíces cristianas y se considera una sociedad adulta, que ya no necesita de Dios. El hombre traslada su fe a la ciencia y prefiere vivir como si Dios no existiera. Sin embargo, no dejamos de comprobar que, aunque desde el punto de vista material vivimos mucho mejor, no siempre somos más felices. El pecado, más que nunca, nos quita la paz y corroe nuestra felicidad. En este contexto Jesús nos recuerda que cuando acudan a Él “los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz”.

¿Está la devoción a la Divina Misericordia muy extendida?

Es difícil calcular la magnitud de la devoción a la Divina Misericordia. Quizás se puede esbozar una respuesta a la pregunta repasando algunas cifras. Por ejemplo, por lo menos en 25 países hay centros establecidos para la difusión del mensaje de la Divina Misericordia: desde países tradicionalmente católicos como España, Francia, Irlanda, Perú, Colombia, Venezuela, Chile y Argentina, hasta lugares tan diversos como Israel, la India y los Estados Unidos, en los que los católicos son todavía una minoría.

Un dato más: la Divina Misericordia en Facebook tiene al día de hoy más de 21.000 seguidores en español, sin contar las páginas similares en otros idiomas. Y esto no ha hecho más que empezar, con el altavoz de la beatificación de Juan Pablo II muchas más personas van a escuchar este mensaje.

¿Cómo afectó el mensaje de la Divina Misericordia el magisterio de Juan Pablo II?

El mismo Juan Pablo II definió el mensaje de la Divina Misericordia como la clave de lectura privilegiada de su magisterio petrino. Es más, el Papa polaco estaba convencido de que “fuera de la misericordia de Dios, no existe otra fuente de esperanza para el hombre”. Este convencimiento le llevó a promover la santidad de Faustina Kowalska, a quien él mismo canonizó, y a establecer la fiesta del Domingo de la Divina Misericordia (Segundo Domingo de Pascua) en el año 2000.

El mensaje de la divina misericordia influyó en su predicación y su propia vida. Respecto a su predicación, Benedicto XVI lo resumía así: “Su largo y multiforme pontificado encuentra aquí su núcleo central; toda su misión al servicio de la verdad sobre Dios y sobre el hombre y de la paz en el mundo se resume en este anuncio”. Esto lo podemos ver, por ejemplo, en una de sus primera encíclicas, Dives in Misericordia de 1980, en la que afirma que la Divina Misericordia es la fuerza que transforma el mundo.

¿Y qué influencia tuvo en la vida del Papa Polaco?

En la mirada de Juan Pablo II hacia el mundo, un hecho salta a la vista: su confianza en la misericordia divina, que le ayudó a confrontar de una manera heroica las fuerzas del mal presentes en el mundo. Un primer ejemplo es su experiencia con el nazismo y el comunismo en Polonia, como él mismo reconocía en 1997: “Siempre he apreciado y sentido cercano el mensaje de la divina Misericordia. Es como si la historia lo hubiera inscrito en la trágica experiencia de la segunda guerra mundial. En esos años difíciles fue un apoyo particular y una fuente inagotable de esperanza, no sólo para los habitantes de Cracovia, sino también para la nación entera. Ésta ha sido también mi experiencia personal, que he llevado conmigo a la Sede de Pedro y que, en cierto sentido, forma la imagen de este pontificado. Doy gracias a la divina Providencia porque me ha concedido contribuir personalmente al cumplimiento de la voluntad de Cristo, mediante la institución de la fiesta de la divina Misericordia”.

En segundo lugar, cabe considerar la importancia de este mensaje a raíz del atentado que estuvo a punto de costarle la vida el 13 de Mayo de 1981. Las imágenes de su visita a Ali Agca en la cárcel constituyen quizás el ejemplo más gráfico del modo en que el Papa polaco asumió el perdón y la misericordia divinos como modelo y esperanza de su propia vida. A la luz de este ejemplo, sus propias palabras adquieren un significado profundo: “La misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre”. Con su perdón hacia la persona que había actuado intentado asesinarle, el Papa estaba mostrando al mundo el poder transformador de la misericordia.

Finalmente, no podemos dejar de referirnos al fallecimiento de Juan Pablo II, que constituye quizás la prueba más clara de la Misericordia Divina hacia su siervo bueno y fiel. El tránsito del Papa polaco a la vida eterna estuvo inmediatamente precedido por la celebración eucarística del Domingo de la Misericordia Divina. El acto redentor de Dios tomaba ese día un tono si cabe más misericordioso, al estar revestido por la liturgia de la fiesta que el mismo Apóstol de la Misericordia había mandado instituir. Su vida terrena era así coronada con el mensaje central de su pontificado.

¿Se conocieron Juan Pablo II y Santa Faustina?

Los primeros recuerdos escritos de Juan Pablo II con respecto a la figura de Santa Faustina datan de sus años de trabajo en la planta de productos químicos de Solvay, entre 1942 y 1944. El Papa recuerda en primera persona que “cuando durante la guerra trabajaba como obrero en la fábrica de Solvay, cerca de Lagiewniki, recuerdo haberme detenido muchas veces ante la tumba de sor Faustina, que aún no era beata”.

El siguiente testimonio cronológico del Papa con respecto a santa Faustina data de 1965, cuando Karol Wojtyła fue elevado a la sede arzobispal de Cracovia. Como cabeza de la diócesis en la que la religiosa había fallecido, mandó iniciar el proceso informativo diocesano de sor Faustina. Según sus propias palabras, “convertido en Arzobispo, confié al profesor don Ignacy Rózycki el examen de sus escritos. Primero se excusaba. Al fin aceptó y estudió a fondo los documentos disponibles. Luego dijo: es una mística maravillosa”.

Como resultado del proceso diocesano, el arzobispo Wojtyła pudo alcanzar un profundo conocimiento de los escritos de sor Faustina, y podemos decir que esta experiencia le convirtió en su principal propagador. De hecho, a inicios de 1978, el entonces cardenal Wojtyła fue quien recomendó al Vaticano revocar el veto sobre los escritos de sor Faustina. Su petición fue aceptada en abril… y pocos meses después el obispo polaco sería elegido como sucesor de san Pedro.

¿Hay alguna relación entre el mensaje de la Divina Misericordia y el mensaje de Fátima?

Tanto el mensaje de Fátima como el de la Divina Misericordia sucedieron entre la primera y la segunda guerra mundial, y su contenido tiene un hilo común: en Fátima la Virgen piden oraciones para aplacar la justicia de Dios y obtener su misericordia, mientras que en Cracovia el mismo Cristo pide directamente a los pecadores que se acojan a su misericordia. Más aún, en la primera se hace una referencia a Rusia como origen de ciertos males que azotarían el mundo, incluyendo de un modo muy especial Polonia; y en la segunda se hace referencia a Polonia misma como cuna de un nuevo mensaje de esperanza ante ese azote tremendo. De nuevo, viene a la cabeza el papel central de Juan Pablo II en la caída del comunismo.

Por otra parte, ambas revelaciones contienen elementos proféticos que podrían tener a Juan Pablo II como vínculo común. Como es bien conocido hoy, el tercer secreto de Fátima apunta de un modo profético y misterioso al atentado al Papa. Pero también santa Faustina recibió la revelación, de boca de Jesucristo, de que de Polonia “saldrá una chispa que preparará el mundo para Mi última venida”. No obstante, el mismo Juan Pablo II, durante su Consagración del Mundo a la Divina Misericordia en Cracovia, interpretó estas palabras en referencia no a su persona, sino a la llama de la misericordia que tanto él como santa Faustina propagaron a los cuatro vientos: “Ojalá se cumpla la firme promesa del Señor Jesús: de aquí debe salir ‘la chispa que preparará al mundo para su última venida’. Es preciso encender esta chispa de la gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad”.

(Tomado del libro: “Orar con la Divina Misericordia”, de María Ángeles Manglano, Cobel Ediciones, 2010).

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