HORARIO DE SERVICIOS. SEDE: EL TEMPLO DEL CARMEN, BARRIO DEL HUESO. CAPILLAS: NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE. BARRIO DE LAS CRUCITAS; SAN JUAN PABLO II, EN LO MAS ALTO DEL CERRO DE LA MIRA, COLONIA JUAN N. ALVAREZ; BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL EN EL BARRIO DE EL POZO DE LA NACION.

sábado, 7 de abril de 2012

CATEQUESIS SOBRE LA GRAN VIGILIA PASCUAL (I)



Catequesis sobre la gran Vigilia pascual (I)
Javier Sánches, tomado  del blog religiónenlibertad.com

Comenzamos ya a ver la Vigilia pascual, con una serie de catequesis que desglosen su liturgia y su sentido, el modo de realizarla y cómo participar plena, consciente, activa, interiormente, fructuosamente también.

Es la celebración amadísima por la Iglesia, la "madre de todas las santas vigilias", el día en que actuó el Señor, el día nuevo, día octavo, día del Señor. Aquí la asistencia del pueblo cristiano entero revela el amor por Cristo y el trabajo realizado durante la Cuaresma. ¡Es el día de los días! Ha llegado: ésta es la noche testigo de Cristo que resucita, y nosotros velamos aguardando la Gloria de Cristo. ¿Se puede faltar? ¿O porque no sea de precepto ya nos dispensamos por comodidad, pereza, falta de costumbre? ¡Hemos esperado tanto hasta llegar a esta Noche!

El horario nocturno, propio de la Tradición, no puede impedirnos participar (en Navidad, con más frío, las familias acuden a la Misa de medianoche); cuánto le debemos a Pío XII que en 1955 restauró el horario nocturno y revisó la celebración pascual aun cuando no acaba de penetrar en la vida parroquial y pastoral, en la espiritualidad y fervor de los fieles. Pensemos que esta celebración nocturna, una vigilia para pasar la noche en vela, se fue adelantando progresivamente hasta terminar celebrándose -¡qué contradicción!- en la mañana del Sábado Santo. Amanecía y se estaba encendiendo el cirio pascual; la luz empezaba a entrar por las ventanas de la iglesia, y se cantaba "Ésta es la noche" en el Pregón pascual. Algunos reivindican hoy volver a ese horario extraño aduciendo un falso concepto de "tradición", así en minúsculas. Desde Pío XII, la Vigilia pascual volvió a su horario nocturno, tal como los textos litúrgicos rezan: "in nocte sanctissima"

¡Es la gran noche, es la Pascua de Jesucristo!

Es una celebración del todo especial y en nada se parece a una Misa vespertina del domingo, ni se puede anunciar como Misa del sábado por la tarde, ni se puede realizar buscando la brevedad como si fuera una Misa vespertina.

Es vigilia, tiempo que se le roba al sueño nocturno para estar como las vírgenes prudentes con las lámparas encendidas esperando que vuelva el Esposo (cf. Mt 25). La comunidad cristiana se reúne: padres con sus hijos, los abuelos, los catequistas de niños, jóvenes y adultos, los miembros de Cáritas, de la Pastoral de Enfermos, Asociaciones, Grupos, Movimientos, Cofradías, Adoración Nocturna, los religiosos y religiosas de vida activa... presididos por el sacerdote con los diferentes ministerios (acólitos, lectores, cantores, salmista): ¡una sola gran Vigilia Pascual, una sola y santa Iglesia Católica! Nada elitista, ni particular, ni para una élite: es todo el pueblo cristiano, grande, numeroso, variado.

La primera parte de la Vigilia pascual es el Lucernario: el fuego nuevo del que se enciende el cirio pascual y después las velas de los fieles para entrar en procesión al templo, aclamando a Cristo Luz. Elemento antiguo éste que ritualizó y dio contenido espiritual-cristológico al gesto funcional de la Iglesia de encender las luces para el oficio vespertino y para las Vigilias. La normativa actual:

"82. La primera parte consiste en una serie de acciones y gestos simbólicos que conviene realizar con tal dignidad y expresividad que su significado propio sugerido por las moniciones y las oraciones, pueda ser realmente percibido por los fieles. En el lugar adecuado y fuera de la iglesia, en cuanto sea posible, se preparará la hoguera destinada a la bendición del fuego nuevo, cuyo resplandor debe ser tal que disipe las tinieblas e ilumine la noche.

Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único, relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo. La bendición del cirio se hará con los signos y las palabras propuestas por el Misal o con otras, aprobadas por la Conferencia de Obispos.

83. La procesión en la que el pueblo entra a la iglesia se ilumina únicamente por la llama del cirio pascual. Del mismo modo que los hijos de Israel durante la noche eran guiados por una columna de fuego, así los cristianos siguen a Cristo resucitado. Nada impide que a las respuestas "Demos gracias a Dios" se añada a alguna aclamación dirigida a Cristo.

La llama del cirio pascual pasará poco a poco a las velas que los fieles tienen en sus manos, permaneciendo aún apagadas las lámparas eléctricas.

84. El diácono proclama el pregón pascual, magnífico poema lírico que presenta el misterio pascual en el conjunto de la economía de la salvación. Si fuese necesario, o por falta de un diácono o por imposibilidad del sacerdote celebrante, puede ser proclamado por un cantor. Las Conferencias de los Obispos pueden adaptar convenientemente este pregón introduciendo en él algunas aclamaciones de la asamblea" (Cong. Culto Divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).

Destaquemos algunos puntos:

* El cirio ha de ser nuevo cada año, hermoso, ¡porque es en honor del Señor! Es cicatería vergonzosa utilizar un año y otro el mismo cirio. La Pascua es novedad del Señor que lo hace todo nuevo.

* Siendo una parte festiva, llamativa, la del lucernario, debe tener su medida y proporción, porque no es lo más importante esta noche: es un prólogo, una introducción amplia, pero el peso específico va a venir después.

* Hay una gradualidad en la procesión con el cirio; tres veces se le aclama: "Luz de Cristo", "Demos gracias a Dios"; a la segunda aclamación, en la puerta del templo, se encienden las velas de los fieles; tras la tercer aclamación, al pie del presbiterio "se encienden todas las luces de la iglesia" según las rúbricas, sin celebrar la Liturgia de la Palabra a oscuras (como algunos hacen) o encender sólo unas pocas luces y luego en el Gloria otras pocas y finalmente todo en el Aleluya (un poco teatral). Se encienden todas porque es éste el momento del Lucernario y la aclamación a Cristo-Luz.

* Vamos todos en procesión precedidos por el cirio, sin dividir la asamblea litúrgica (unos en el templo, sentados a oscuras y otros fieles en procesión). El cirio debe ser el que rompa la oscuridad del templo y los fieles todos detrás del Señor.

En el plano espiritual, la vivencia interior, el Lucernario es rico y expresivo para todo el pueblo cristiano:

Aquél que dijo "Yo soy la Luz del mundo, el que me sigue no camina en tinieblas" lo actualiza ahora litúrgicamente. Vivir cristianamente es ser iluminado por Cristo, seguir la Luz y no vivir en tinieblas.

         Aquél a quien vemos despreciado en la Cruz y que descendió a los infiernos, a las sombras de la muerte, es ahora el Señor del tiempo y de la historia, como se destaca al signar el Cirio pascual: "Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega. Suyo es el tiempo y la eternidad. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén". ¡Hay esperanza! La historia tiene una clave de sentido, Jesucristo.

Aquél que fue apagado en la Cruz es encendido por el Espíritu en la Resurrección y su vida se nos comunica a nosotros a medida que encendemos nuestra vida en la de Él (significado en la transmisión de la luz del Cirio pascual a las velas de los fieles).

Cristo es la verdadera columna de fuego que guía a su pueblo, así como estaba prefigurado cuando una columna de fuego iluminaba a los hijos de Israel.

En la procesión, aclamando a Cristo-Luz, supliquemos ser iluminados nosotros; desaparezcan las tinieblas interiores que a veces nos ofuscan.

El pregón pascual, el gran canto inaugural de la Vigilia pascual, nos pondrá en situación: En esta noche, Cristo vence todo; el Padre reconcilia al hombre consigo por el sacrificio pascual del Hijo y "de nada nos hubiera valido haber nacido si no hubiésemos sido redimidos", por eso, "Oh feliz culpa que mereció tal Redentor!" ¡Cuánta gratitud y expectación debe brotar en el corazón ante esta noche que actualiza y nos comunica los prodigios y gestas salvadores del Resucitado!

Veamos los textos eucológicos.

La monición inicial que señala el Misal romano invita así a los fieles:

"En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración. Si recordamos así la Pascua del Señor, oyendo su palabra y celebrando sus misterios [sentido de la Vigilia: velar, orar, escuchar y celebrar], podremos esperar tener parte en su triunfo sobre la muerte y vivir con él siempre en Dios [dimensión escatológica de la Vigilia]".

La oración de bendición del fuego suplica que "la celebración de estas fiestas pascuales encienda en nosotros deseos tan santos que podamos llegar con corazón limpio a las fiestas de la eterna luz". Otra vez la escatología, porque la Vigilia pascual orienta el corazón al deseo de la vida eterna y de la resurrección de nuestra carne al final de los tiempos. ¡La Vigilia pascual es anticipo del cielo!

Por eso, qué fuerza tienen las palabras al encender el cirio, tan evocadoras, tan impactantes para todos: "La luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

Ésta es la primera parte de la Vigilia pascual. Posee fuerza evocativa, y quien no la ha vivido nunca (pero la va a vivir este año, seguro) quedará impresionado por la belleza litúrgica y espiritual de la Vigilia pascual. A ello nos dispone la Cuaresma.

viernes, 6 de abril de 2012

Catequesis sobre el Viernes Santo "De la Pasión del Señor": acción litúrgica.


Catequesis sobre el Viernes Santo “De la Pasión del Señor”:
acción litúrgica
         De Javier Sánchez, tomado del blog religiónenlibertad.com

La Misa en la Cena del Señor fue el oficio vespertino al iniciarse el Viernes Santo: Jesús, el Señor, va a vivir la Pascua, esta vez no ritual, sino que el verdadero Cordero va a ser Él, y será inmolado en el árbol de la cruz. La Iglesia se va a unir a Él con la liturgia celebrada el Viernes Santo, austera, sobria y a la vez solemne.

El Viernes Santo, la Iglesia-Esposa nace del costado abierto de Cristo, su Esposo, dormido en la cruz. Cristo, el nuevo Adán, con su costado perforado, permite que salga la nueva Eva, la Iglesia.

Es el primer gran Acto de la Pascua, el drama, la lucha entre Cristo y Satanás, entre Jesucristo y la fuerza del pecado. ¡Es Pascua!, la Pascua de nuestro Señor Crucificado. La Iglesia se recoge en silencio, contemplación y amor. No se reviste de luto, con tonos sentimentales, sino se viste de Pascua. El Cordero de Dios se entrega y su Sangre lava nuestros pecados. El luto, de color negro o morado, se reserva para los difuntos a los que hay que encomendar y orar por sus pecados; el Rey de la gloria no necesita del negro o morado, sino del rojo, aquel color púrpura que vestían los emperadores, el color también de la sangre del primer Mártir, el Testigo fiel.

La celebración consta de tres momentos fundamentales: la Palabra proclamada, la Adoración de la Cruz, la sagrada comunión como alimento durante el ayuno pascual a la espera de poder celebrar la Eucaristía en la gran Vigilia pascual. Todos los fieles se reúnen, nadie se ausenta, para celebrar la Pascua del Señor en el primer gran acto de este drama supremo. Bien celebrada, con sus correspondientes cantos y la adoración de la Cruz realizada por todos, así como la Comunión, puede ser una celebración popular y devota; pero para eso hay que educar y enseñar qué se hace el Viernes Santo, en qué consiste este Oficio litúrgico.

(Incomprensiblemente, la participación después del Jueves Santo, ¡disminuye!). Recordemos además que posee indulgencia plenaria con las condiciones acostumbradas la participación en esta Acción litúrgica adorando la Cruz (Cf. Manual de indulgencias, 13, 1; no tiene porqué ser con un beso ya que si son muchos los asistentes -una catedral, por ejemplo- y se va a prolongar en exceso, se adora en silencio estando todos de rodillas algunos momentos).

La descripción litúrgica y el desarrollo ritual de esta celebración pascual nos vienen por la Carta de la Congregación para el culto divino sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales; a la par que señala cómo se realiza, nos va introduciendo en el sentido:

“La celebración de la Pasión del Señor ha de tener lugar después del mediodía, cerca de las tres (15 horas). Por razones pastorales, puede elegirse otra hora más conveniente para que los fieles puedan reunirse más fácilmente: por ejemplo, desde el mediodía hasta el atardecer, pero nunca después de las nueve de la noche (21 horas).

El orden de la acción litúrgica de la Pasión del Señor (liturgia de la palabra, adoración de la Cruz y sagrada comunión), que proviene de la antigua tradición de la Iglesia, ha de ser conservado con toda fidelidad, sin que nadie pueda arrogarse el derecho de introducir cambios. El sacerdote y los ministros se dirigen en silencio al altar, sin canto alguno. Si hay que decir algunas palabras de introducción, debe hacerse antes de la entrada de los ministros.

El sacerdote y los ministros, hecha la debida reverencia al altar, se postran rostro en tierra; esta postración, que es un rito propio de este día, se ha de conservar diligentemente por cuanto significa tanto la humillación del “hombre terreno”, cuanto la tristeza y el dolor de la Iglesia. Los fieles, durante el ingreso de los ministros, están de pie, y después se arrodillan y oran en silencio.

Las lecturas han de ser leídas por entero. El salmo responsorial y el canto que precede al Evangelio cántense como de costumbre. La historia de la Pasión del Señor según san Juan se canta o se proclama del mismo modo que se ha hecho en el domingo anterior. Después de la lectura de la Pasión hágase la homilía, y al final de la misma los fieles pueden ser invitados a permanecer en oración silenciosa durante un breve espacio de tiempo.

La oración universal ha de hacerse según el texto y la forma establecida por la tradición, con toda la amplitud de las intenciones, que expresan el valor universal de la Pasión de Cristo, clavado en la Cruz para la salvación de todo el mundo...

En la ostensión de la Cruz úsese una cruz suficiente, grande y bella... Este rito ha de hacerse con un esplendor digno de la gloria del misterio de nuestra salvación; tanto la invitación al mostrar la Cruz como la respuesta del pueblo háganse con canto, y no se omita el silencio de reverencia que sigue a cada una de las postraciones, mientras el sacerdote celebrante, permaneciendo de pie, muestra en alto la Cruz. Cada uno de los presentes del clero y pueblo se acercará a la Cruz para adorarla, dado que la adoración personal de la Cruz es un elemento muy importante de esta celebración...

         Úsese una única cruz para la adoración, tal como lo requiere la verdad del signo. Durante la adoración de la Cruz cántense las antífonas, los “improperios” y el himno que evocan con lirismo la historia de la salvación, o bien otros cantos adecuados.

El sacerdote canta la invitación al “Padre nuestro”, que es cantado por toda la asamblea. No se da el signo de la paz. La comunión se desarrolla tal como está descrito en el Misal. Durante la comunión, se puede cantar el salmo 21 u otro canto apropiado. Terminada la distribución de la comunión, el píxide o copón se lleva a un lugar preparado fuera de la iglesia.

Terminada la celebración, se despoja el altar, dejando la Cruz con cuatro candelabros. Dispónganse en la iglesia un lugar adecuado (por ejemplo, la capilla donde se colocó la reserva de la Eucaristía el Jueves Santo), para colocar allí la Cruz, a fin de que los fieles puedan adorarla, besarla y permanecer en silencio y meditación”. (Carta sobre las fiestas pascuales, nn. 63-71).

“Oh Dios, tu Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, por medio de su pasión ha destruido la muerte
que, como consecuencia del antiguo pecado, a todos los hombres alcanza.
Concédenos hacernos semejantes a él.
De este modo, los que hemos llevado grabada,
por exigencia de la naturaleza humana la imagen de Adán, el hombre terreno,
llevaremos grabada en adelante, por la acción santificadora de tu gracia,
la imagen de Jesucristo, el hombre celestial.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

Cristo en la Cruz es el nuevo Adán de manera que el árbol de muerte del hombre terreno se convierte en Cristo, el hombre celestial, en árbol de vida. De la cruz brota la gracia que suplicamos para que de ahora en adelante llevemos la imagen del nuevo Adán en nuestra alma, liberados del pecado de Adán.

La salvación de Cristo crucificado, la Pascua que hoy se celebra, es invocada para todos los hombres, para la humanidad herida. La serie de peticiones de la oración solemne de los fieles revela el sentir de la Iglesia suplicando a su Esposo: se ora por la Iglesia, por el Papa, ministros y fieles, catecúmenos, la unidad de los cristianos, los judíos, los que no creen en Cristo, los que no creen en Dios, los gobernantes y los atribulados. Una serie de 10 peticiones con una invitación diaconal y una oración del sacerdote, con textos dignos de conocerse y asimilarse en el alma.

El fruto ansiado de la participación en esta solemnísima acción litúrgica viene expresado en la oración final, la oratio super populum, donde el sacerdote con las manos extendidas sobre el pueblo pedirá.

Que tu bendición, Señor, descienda con abundancia sobre este pueblo,
que ha celebrado la muerte de tu Hijo con la esperanza de su santa resurrección;
venga sobre él tu perdón,
concédele tu consuelo,
acrecienta su fe,
y consolida en él la redención eterna.
¡Seamos perdonados por la muerte de Cristo, recibamos su consuelo!

jueves, 5 de abril de 2012

CELEBRACION DE LA SEMANA SANTA 2012 EN LA PARROQUIA DEL CARMEN, BARRIO DEL HUESO.


CELEBRACION DE LA SEMANA SANTA 2012
EN LA PARROQUIA DE NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN,
BARRIO DEL HUESO, CENTRO, ACAPULCO, GRO.

DEL DOMINGO 1 AL DOMINGO 8 DE ABRIL DE 2012


DOMINGO DE RAMOS “DE LA PASION DEL SEÑOR”. 1 DE ABRIL DE 2012.
8 A. M. BENDICIÓN DE PALMAS Y PROCESIÓN SOLEMNE SALIENDO DE LA CAPILLA DE NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE, EN EL BARRIO DE LAS CRUCITAS. PARTICIPACION DE LA COMUNIDAD BETANIA. A LA LLEGADA, SANTA MISA EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

10 A. M. BENDICIÓN DE PALMAS Y PROCESIÓN SOLEMNE SALIENDO DEL KIOSKO EN LA GLORIETA DE LA COLONIA LA MIRA. A LA LLEGADA, SANTA MISA EN LA CAPILLA DEL BEATO JUAN PABLO II, EN EL CERRITO DEL TEPEYAC.

11: 30 A. M. BENDICIÓN DE PALMAS Y PROCESIÓN SOLEMNE SALIENDO DEL BARRIO DEL COMINO. PARTICIPACION DE LOS COROS JUVENILES DE LA PARROQUIA. A LA LLEGADA, SANTA MISA EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

6 P. M. BENDICIÓN DE PALMAS Y PROCESIÓN SOLEMNE SALIENDO DE LA CAPILLA DEL BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL, EN EL BARRIO DEL POZO DE LA NACION. PARTICIPACION DE LAS COMUNIDADES DEL CAMINO NEOCATECUMENAL. A LA LLEGADA, SANTA MISA EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

MIERCOLES SANTO 4 DE ABRIL DE 2012. PEREGRINACION AL
MONUMENTO A CRISTO REY DE LA PAZ EN EL CERRO DE EL ENCINAL, EN EL EJIDO DE CARABALI. 9 A. M. SANTO VIACRUCIS SALIENDO DEL ESTACIONAMIENTO. 10 A. M. SANTA MISA AL PIE DEL MONUMENTO, EN EL ENCINAL. NOTA: El camino está en óptimas condiciones, llevar sus propios alimentos para compartir.

JUEVES SANTO “DE LA CENA DEL SEÑOR” 5 DE ABRIL DE 2012.
6 P. M. SANTA MISA. LAVATORIO DE LOS PIES. EN EL TEMPLO DEL CARMEN.

8 P. M. ORACION ANTE EL MONUMENTO. CONMEMORANDO LA ORACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO EN EL HUERTO DEL GETSEMANI. HASTA LAS DOCE DE LA NOCHE, EN LA CRIPTA DEL TEMPLO DEL CARMEN Y EN CADA UNA DE LAS CAPILLAS DE LA JURISDICCION: CRUCITAS, POZO DE LA NACION Y CERRITO DEL TEPEYAC.

9 P. M. PROCESION DEL DIVINO PRESO, CON ANTORCHAS, EN EL PRIMER CUADRO EN TORNO A LA IGLESIA DEL CARMEN. PARTICIPAN LOS COROS JUVENILES DE LA PARROQUIA.

VIERNES SANTO 6 DE ABRIL DE 2012.
1O A. M. SANTO VIA CRUCIS POR LAS PRINCIPALES CALLES Y BARRIOS DE LA PARROQUIA. INICIAMOS EN LA IGLESIA DEL CARMEN, HASTA LLEGAR A LA CAPILLA DEL BEATO PAPA JUAN PABLO II EN EL CERRITO DEL TEPEYAC.

3 P. M. CELEBRACIÓN DE LA PALABRA. ADORACIÓN DE LA CRUZ Y COMUNIÓN, EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

8 P. M. PROCESIÓN DEL SILENCIO, ACOMPAÑANDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA EN SU PASION. EN EL PRIMER CUADRO EN TORNO LA IGLESIA DEL CARMEN.

SABADO SANTO 7 DE ABRIL DE 2012.
12 HRS. LITURGIA DE LAS HORAS. MEDITACIÓN ANTE EL SEPULCRO DEL SEÑOR EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

9 P. M. SOLEMNE VIGILIA PASCUAL. BENDICIÓN DEL FUEGO, DEL CIRIO Y DEL AGUA. RENOVACIÓN DE LAS PROMESAS BAUTISMALES Y SANTA MISA EN LA IGLESIA DEL CARMEN.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN 8 DE ABRIL DE 2012.
8 A. M. / 12 HRS / Y 6 P. M. SANTA MISA EN EL TEMPLO DEL CARMEN. EN LAS CAPILLAS HORARIO DE COSTUMBRE.
           
¡FELICES PASCUAS DE RESURRECCIÓN¡

Juan Carlos Flores Rivas Pbro.
Párroco.
Cel unefon 7445160779.
Tel Parroquia 4832142
http://parroquiadelcarmenacapulco.blogspot.com

CATEQUESIS SOBRE EL JUEVES SANTO "DE LA CENA DEL SEÑOR"


Catequesis sobre el Jueves Santo De la Cena del Señor”
Adaptado, de Javier Sánchez, del blog religionenlibertad.com

El Jueves Santo por la tarde, como oficio vespertino, terminada la Cuaresma a la hora de Nona (sobre las tres de la tarde), una celebración litúrgica especial congrega al pueblo cristiano para abrir el tiempo santísimo del Triduo pascual.

La Iglesia se reúne en una única Eucaristía en cada iglesia, para conmemorar la institución de la Eucaristía por el Señor en el marco de la Ultima Cena, la Cena pascual, la institución del sacerdocio (en virtud del “haced esto” dicho a los apóstoles) y el mandato del amor fraterno.

Esta Misa vespertina del Jueves Santo “en la Cena del Señor” es el oficio de Vísperas que nos permite entrar en el inicio del Triduo pascual, el gran prólogo a todo el Misterio pascual que viviremos el Viernes y Sábado Santos y el Domingo de Pascua. Ésta es la perspectiva justa para vivir espiritualmente la Misa in Coena Domini: una solemne introducción a los días grandes y santos. Y si es introducción, significa que el centro, el núcleo, es lo que viene después, la Acción litúrgica del Viernes Santo y la Eucaristía del Triduo pascual, aquella que es celebrada en la noche pascual.

De esta Misa del Jueves Santo poseemos testimonios de la Tradición, por ejemplo de san Agustín, o más cercano a nosotros, san Isidoro de Sevilla, quien escribe:

“La Cena del Señor se celebra el jueves último de Cuaresma, cuando Nuestro Señor y Salvador, después de observar íntegramente la pascua simbólica, pasó a la Pascua verdadera y entregó el misterio de su Cuerpo y de su Sangre por primera vez a los Apóstoles, al tiempo que, tras los celestiales sacramentos, el discípulo falaz y traidor, recibía dinero de los judíos y vendía la Sangre de Cristo. Aquel día el Salvador, levantándose de la cena, lavó los pies a los discípulos (Jn 13, 4-5), para dar lecciones de humildad, virtud que había venido a enseñar, como Él mismo había manifestado. Cosa era muy conveniente que, con hechos, diese ejemplo de lo que iba a exigir a los discípulos.

De aquí viene que en ese día se laven altares, paredes y pavimentos de los templos y se purifiquen los cálices consagrados al Señor. También en ese día se consagra el santo crisma, recordando que, dos días antes de la Pascua, María ungió con perfumes la cabeza y los pies del Señor. Y, asimismo, que el Señor dijo a sus discípulos: sabéis que dentro de dos días se celebrará la Pascua y el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen (Mt 26,1-2)” (De eccl. Off., I, 29).

Gracias a la reforma del Ordo de la Semana Santa de Pío XII (1055), las distintas celebraciones quedaron enmarcadas en su horario natural, y el empeño en participar y la misma solemnidad que se le da a la Misa in Coena Domini, aún sin ser la máxima celebración anual, que es la Vigilia Pascual. Por tanto, el peso litúrgico y espiritual que ahora recae exclusivamente sobre la celebración vespertina del Jueves Santo en tantas parroquias y monasterios, requiere educación litúrgica y espiritual: solemnidad y belleza de los cantos, el exorno floral, las mejores alfombras, los mejores cálices y patenas, las vestiduras litúrgicas más bellas, el ambiente espiritual...

En la Iglesia del carmen, corresponderá al Señor cura Párroco Don Justino Figueroa y Velazco, aplicar por primera ocasión estas reformas a la Semana Santa. En el Libro Parroquial de Circulares, existe la nota correspondiente a que en el año de 1957 se lleva a cabo por primera vez la aplicación del Ritual de Semana Santa con las rúbricas como ahora lo conocemos.

Se busca un retorno al equilibrio del Triduo pascual que va en línea ascendente desde la Misa in Coena Domini a su punto álgido la noche de Pascua y el domingo de Resurrección. Para ello ayuda la predicación constante sobre el Triduo pascual y la Vigilia en homilías, catequesis y retiros, que enfocarán correctamente la Cuaresma hacia los sacramentos pascuales. Si no fuere así, todo se vive fragmentado: la Cuaresma como un todo en sí mismo sin ninguna finalidad más que ella misma; el Domingo de Ramos y el Jueves santo enraizado en las prácticas de piedad, y el declive de participación, vivencia y cuidado en la Liturgia del Viernes Santo y en la Vigilia pascual.

Ø En cuanto a la liturgia del Jueves Santo, realmente entrañable, incluso conmovedor, las normas actuales prescriben, en la Carta sobre las fiestas pascuales, nn. 48-57.

Ø "El sagrario ha de estar completamente vacío al iniciarse la celebración. Se han de consagrar en esta misa las hostias necesarias para la comunión de los fieles y para que el clero y el pueblo puedan comulgar el día siguiente.

Ø Para la reserva del Santísimo Sacramento prepárese una capilla, convenientemente adornada, que invite a la oración y a la meditación; se recomienda no perder de vista la sobriedad y la austeridad que corresponden a la liturgia de estos días, evitando o erradicando cualquier forma de abuso.

Ø Cuando el sagrario está habitualmente colocado en una capilla separada de la nave central, conviene que se disponga allí el lugar de la reserva y de la adoración.

Ø Mientras se canta el himno “Gloria a Dios”, de acuerdo con las costumbres locales, se hacen sonar las campanas, que ya no se vuelven a tocar hasta el “Gloria a Dios” de la Vigilia pascual...

Ø El lavatorio de los pies que, según la tradición, se hace en este día a algunos hombres previamente designados, significa el servicio y el amor de Cristo, que “no ha venido para que le sirvan, sino para servir”. Conviene que esta tradición se mantenga y se explique según su propio significado.

Ø Los donativos para los pobres, especialmente aquellos que se han podido reunir durante la Cuaresma como fruto de la penitencia, pueden ser presentados durante la procesión de ofrendas, mientras el pueblo canta.

Ø Terminada la oración después de la comunión, comienza la procesión, presidida por la cruz en medio de cirios e incienso, en la que se lleva el Santísimo Sacramento por la iglesia hacia el lugar de la reserva. Mientras tanto, se canta un canto eucarístico.

Ø El traslado y la reserva del Santísimo Sacramento no han de hacerse si en esa iglesia no va a tener lugar la celebración de la Pasión del Señor el Viernes Santo.

Ø El Sacramento ha de ser reservado en un sagrario o en una urna. No ha de hacerse nunca una exposición con la custodia o el ostensorio. El sagrario o la urna no han de tener la forma de un sepulcro. Evítese la misma expresión “sepulcro”: la capilla de la reserva no se prepara para representar “la sepultura del Señor”, sino para conservar el pan eucarístico destinado a la comunión del Viernes de la Pasión del Señor.

Ø Invítese a los fieles a una adoración prolongada durante la noche del santísimo Sacramento en la reserva solemne, después de la misa “en la Cena del Señor”. En esta ocasión es oportuno leer una parte del Evangelio según san Juan (capítulos 13-17).

Ø Pasada la medianoche, la adoración debe hacerse sin solemnidad, dado que ha comenzado ya el día de la Pasión del Señor. Terminada la misa se despoja el altar en el cual se ha celebrado... No se encenderán velas o lámparas ante las imágenes de los santos".

En la reserva eucarística solemne del Jueves Santo, se guardan los copones con las formas consagradas necesarias para que el pueblo cristiano pueda comulgar el Viernes Santo así como los enfermos y moribundos. Pero ninguna Hostia grande consagrada puesto que bajo ningún concepto hay exposición del Santísimo; se trata precisamente de "reservar", de "conservar" el Cuerpo sacramental del Señor para la comunión, como cualquier sagrario durante el resto del año, pero de manera más solemne.

Sobre la reserva eucarística, orando ante Cristo para adentrarnos ya en el Misterio de su Pascua, el Directorio sobre piedad popular y liturgia, dice:

"La piedad popular es especialmente sensible a la adoración al santísimo Sacramento, que sigue a la celebración de la misa en la cena del Señor. A causa de un proceso histórico, que todavía no está del todo claro en algunas de sus fases, el lugar de la reserva se ha considerado como “santo sepulcro”; los fieles acudían para venerar a Jesús que después del descendimiento de la Cruz fue sepultado en la tumba, donde permaneció unas cuarenta horas.

Es preciso iluminar a los fieles sobre el sentido de la reserva: realizada con austera solemnidad y ordenada esencialmente a la conservación del Cuerpo del Señor, para la comunión de los fieles en la celebración litúrgica del Viernes Santo y para el viático de los enfermos, es una invitación a la adoración, silenciosa y prolongada, del Sacramento admirable, instituido en este día. Por lo tanto, para el lugar de la reserva hay que evitar el término “sepulcro” (“monumento”), y en su disposición no se le debe dar la forma de una sepultura; el sagrario no puede tener la forma de un sepulcro o urna funeraria: el Sacramento hay que conservarlo en un sagrario cerrado, sin hacer la exposición con la custodia. Después de la medianoche del Jueves Santo, la adoración se realiza sin solemnidad, pues ya ha comenzado el día de la pasión del Señor” (n. 141).

Se quiso explicar alegóricamente la Reserva eucarística del Jueves Santo a modo de la sepultura de Jesús: en ella estuvo aproximadamente 40 horas. Se buscaba dramatizar así el entierro de Cristo y no era extraño que acabase llamándose a la Reserva el "monumento", el monumento funerario mientras se velaba el Cuerpo sepultado del Señor. Es el juego de la alegoría que pierde el contenido místico-sacramental en favor de lo más sensible y visual.

La Eucaristía del Jueves Santo nos sostenga en el ayuno y oración del Triduo pascual. Prestemos atención no sólo a las preciosas lecturas de esa Misa, sino también a las oraciones que el sacerdote pronunciará (colecta, sobre ofrendas, postcomunión, así como Prefacio y plegaria eucarística) que poseen una honda teología sacramental.

La Misa in Coena Domini inspire en nosotros deseos santos y la espera de la Vigilia pascual.

sábado, 31 de marzo de 2012

CATEQUESIS SOBRE EL DOMINGO DE RAMOS "DE LA PASION DEL SEÑOR"


Catequesis sobre el Domingo de Ramos en la Pasión del Seño
Tomado de Javier Sánchez, del blog religionenlibertad.com

El pórtico de la Semana Santa, el domingo previo a la Pascua, celebramos el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, con ese aspecto doble: rememorar con la bendición y procesión de ramos y palmas la entrada de Jesús en Jerusalén para su Pasión, voluntariamente aceptada, y la memoria de la Pasión que luego, en el Triduo pascual, se comunicará mediante la gracia de la liturgia.

Ya esta celebración, festiva y dramática a un tiempo, popular, debe disponernos interiormente para el Triduo pascual y vivir con fervor la Pascua de Cristo, su paso de este mundo al Padre, su paso de la muerte a la vida. A la hora de preparar este Domingo, y catequizar a los fieles, hemos de mostrarles ese horizonte pascual al que apunta este Domingo de Ramos: que comprendan y vean cómo es una cita de amor a Cristo participar luego del Triduo pascual (Misa in Coena Domini, acción litúrgica en la Pasión, del Viernes Santo y la santísima Vigilia pascual).

Estos días de Semana Santa y luego el Triduo pascual, siguen un proceso de mímesis o imitación cronológica, repitiendo, incluso en coincidencia de horario, los misterios últimos de la vida de Jesucristo. Y el primer momento es su entrada en Jerusalén para sufrir la Pasión. Entra aclamado hoy quien luego será condenado a gritos. Entra como Rey aquel que muere ajusticiado como esclavo por nuestros pecados, por los pecados de la humanidad entera.

La entrada de Jesús en Jerusalén se conmemora en la primera parte de la liturgia con la lectura del Evangelio, la bendición de los ramos y palmas (que todos tienen ya en sus manos y no se hace ninguna presunta entrega ritual uno a uno) y la procesión alegre y festiva hasta el interior del templo (por cierto, sin ningún canto con “Aleluya”).

La carta de la Congregación para el Culto divino sobre las fiestas pascuales recuerda el modo de realizar esta parte y su sentido:

“La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se ha de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día. La entrada del Señor en Jerusalén, ya desde antiguo, se conmemora con una procesión, en la cual los cristianos celebran el acontecimiento, imitando las aclamaciones y gestos que hicieron los niños hebreos cuando salieron al encuentro del Señor, cantando el fervoroso “Hosanna”.

La procesión sea única y tenga lugar antes de la misa en la que haya más presencia de fieles; puede hacerse también en las horas de la tarde, ya sea del sábado ya del domingo. Para ello hágase, en lo posible, la reunión de la asamblea en otra iglesia menor, o en un lugar apto fuera de la iglesia hacia la cual se dirigirá la procesión. Los fieles participan en esta procesión, llevando en las manos ramos de palma o de otros árboles. Los sacerdotes y los ministros, llevando también ramos, preceden al pueblo.

La bendición de ramos o palmas tiene lugar en orden a la procesión que seguirá. Los ramos conservados en casa recuerdan a los fieles la victoria de Cristo, que se ha celebrado con la procesión. Los pastores hagan todo lo posible para que la preparación y la celebración de esta procesión en honor de Cristo Rey pueda tener un fructuoso influjo espiritual en la vida de los fieles.

Para la conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén, además de la procesión solemne que se acaba de describir, el Misal ofrece otras dos posibilidades, no para fomentar la comodidad y la facilidad, sino en previsión de las dificultades que puedan impedir la organización de una procesión.

La segunda forma de la conmemoración es una entrada solemne, que tiene lugar cuando no puede hacerse la procesión fuera de la iglesia. La tercera forma es la entrada sencilla, que ha de hacerse en todas las misas de este domingo en las que no ha tenido lugar la entrada solemne.

Donde no se puede celebrar la misa, es conveniente que se haga una celebración de la palabra de Dios sobre la entrada mesiánica y la Pasión del Señor, ya sea el sábado por la tarde, ya el domingo a la hora más oportuna. Donde no se puede celebrar la misa, es conveniente que se haga una celebración de la palabra de Dios sobre la entrada mesiánica y la Pasión del Señor, ya sea el sábado por la tarde, ya el domingo a la hora más oportuna.

Durante la procesión, los cantores y el pueblo cantan los cantos indicados en el Misal Romano, como son el salmo 23 y el salmo 46, y otros cantos apropiados en honor de Cristo Rey” (nn. 28-33).

Los ramos y las palmas sirven para rememorar como drama litúrgico lo que en Jerusalén ocurrió. Pero no deben ser objeto de superstición, como si lo fundamental hoy fuera coger –del modo que sea y a costa de lo que sea- un ramo. El Directorio de piedad popular y liturgia lo advierte:

“La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos “de la Pasión del Señor”, que comprende a la vez el triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La procesión que conmemora la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén tiene un carácter festivo y popular.

A los fieles les gusta conservar en sus hogares, y a veces en el lugar de trabajo, los ramos de olivo o de otros árboles, que han sido bendecidos y llevados en la procesión. Sin embargo, es preciso instruir a los fieles sobre el significado de la celebración, para que entiendan su sentido. Será oportuno, por ejemplo, insistir en que lo verdaderamente importante es participar en la procesión y no simplemente procurarse una palma o ramo de olivo; que éstos no se conserven como si fueran amuletos, con un fin curativo o para mantener alejados a los malos espíritus y evitar así, en las casas y los campos, los daños que causan, lo cual podría ser una forma de superstición.

La palma y el ramo de olivo se conservan, ante todo, como un testimonio de la fe en Cristo, rey mesiánico, y en su victoria pascual” (Directorio sobre liturgia y piedad popular, n. 139).

Pensemos, al portar estos ramos en la procesión, cantando y aclamando a Cristo, que serán estos mismos ramos de victoria los que luego se quemarán para la Ceniza del Miércoles de Ceniza: el triunfo o la aclamación humana es fugaz, pasa pronto: todo se vuelve polvo. ¡Ay de quien se cree alguien importante! ¡Ay de los avasalladores, embebidos de su propia gloria y orgullo!

Llegados al templo, tras incensar el altar, el sacerdote se dirige a la sede y directamente canta la Oración colecta -sin acto penitencia- y la Misa prosigue como de costumbre destacando, sobre todo, la lectura de la Pasión del Señor que es la mejor catequesis que Cristo nos ofrece para acompañarle a Él en el Triduo pascual.

“La historia de la Pasión goza de una especial solemnidad. Es aconsejable que se mantenga la tradición en el modo de cantarla o leerla, es decir, que sean tres las personas que hagan las veces de Cristo, del narrador y del pueblo. La Pasión ha de ser proclamada por diáconos o presbíteros, o, en su defecto, por lectores, en cuyo caso la parte correspondiente a Cristo se reserva al sacerdote. Para la proclamación de la Pasión no se llevan ni luces ni incienso, ni se hace al principio el saludo al pueblo como se hace de ordinario para el evangelio, ni se signa el libro. Tan sólo los diáconos piden la bendición al sacerdote. Para el bien espiritual de los fieles, conviene que se lea por entero la narración de la Pasión y que no se omitan las lecturas que la preceden” (Carta..., n. 34).

Las notas sobre la espiritualidad para vivir este día ya se han ido viendo antes. Vayamos a los textos eucológicos que eduquen el espíritu y la inteligencia.

La Monición sacerdotal que señala el Misal nos descubre qué hacemos en este día:

“Ya desde el principio de la Cuaresma nos venimos preparando con obras de penitencia y caridad. Hoy, cercana ya la Noche santa de Pascua, nos disponemos a inaugurar, en comunión con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de Jesucristo, misterios que empezaron con la solemne entrada del Señor en Jerusalén. Por ello, recordando con fe y devoción la entrada triunfal de Jesucristo en la ciudad santa, le acompañaremos con nuestros cantos, para que, participando ahora de su cruz, merezcamos un día tener parte en su resurrección”.

Se señala y sitúa la meta: desde la Cuaresma a la Noche santa de Pascua (¿es que alguien puede olvidar la meta de la Pascua después de tan largo camino cuaresmal?).La celebración, aun siendo popular, debe ir acompasada de la fe y de la devoción: vamos con Cristo, vamos detrás de Cristo. El orden mismo de la procesión lo marca: incensario, cruz adornada con ramos de olivo, sacerdote y ministros, cantores y fieles. Todos detrás de Cristo, todos detrás de la Cruz, todos siguiendo al Maestro. Es la invitación diaconal para iniciar la procesión la que apunta la perspectiva cristiana del seguimiento: “Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también nosotros con júbilo al Señor”.

La oración colecta al iniciar la Misa nos lleva a mirar el Calvario y la espera de la Pascua. La Misa es Misa en la Pasión del Señor, un prólogo solemne para vivir el Triduo pascual. Por eso oramos diciendo:

Dios todopoderoso y eterno, tú quisiste que nuestro Salvador
se hiciese hombre y muriese en la cruz,
para mostrar al género humano el ejemplo de una vida sumisa a tu voluntad;
concédenos que las enseñanzas de su pasión nos sirvan de testimonio,
y que un día participemos en su gloriosa resurrección.