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jueves, 11 de octubre de 2012

LA CUESTION DE LA ORIENTACION SOLAR EN EL TEMPLO DEL CARMEN EN ACAPULCO



La cuestión de la orientación solar en el templo del Carmen en Acapulco.
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas.

         Año con año, en la fecha 13 de Octubre, en la confluencia del Milagro de la danza del sol en las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, se realiza en el Templo del Carmen de Acapulco, ubicado en el Barrio del Hueso, en el centro de la Ciudad y Puerto de Acapulco, el fenómeno de la iluminación natural de la Imagen Sagrada que preside el altar, con los rayos del sol que llegan en declinación, desde el Oriente, justo antes de que el sol se oculte. En este año 2012, que es bisiesto, esperamos que el fenómeno se adelante al viernes 12 de Octubre. Esto sucede justamente a las 6 de la tarde, mientras comienza la celebración vespertina de la Santa Misa. Siempre y cuando nos lo permiten las condiciones climatológicas.

         Para ilustrar este fenómeno, echaremos manos de unos apuntes encontrados en internet, en el sitio: http://www.iberica-documental.es/index.php/es/art-top/arqueoastronomia/san-bartolome-del-rio-lobos?showall=&start=7 . Apuntes aplicados al estudio de un templo románico español que lleva el título de San Bartolomé, excelente trabajo de Jordi Aguadé Torrell y Rafael Fuster Ruiz. Aclaro que no soy experto en nada, solo un aprendiz, dispuesto a escuchar opiniones informadas.

***

Al igual que sucede con el conocimiento relacionado con el simbolismo del número y las proporciones, la orientación de los templos cristianos fue heredada de los antiguos constructores. Tenía ya gran importancia entre egipcios, griegos y romanos. Este ritual de orientación, indisolublemente unido al de fundación, establece una vinculación fundamental del templo con el cosmos, transformando el recinto en un Axis Mundi; ahí radica la gran importancia del momento que determina la dirección del eje longitudinal de la nave mayor y, como consecuencia, del resto de líneas de proyección, que estarán condicionadas por este primer movimiento; una operación donde se conjugan las formas del templo (geometría) y los fenómenos celestes (astronomía).

En la antigüedad clásica, los templos estaban dispuestos con la puerta de entrada hacia el Este, de forma que, con la salida del Sol, los rayos de luz iluminaran la estatua del dios custodiada al fondo del santuario. Con la llegada del cristianismo, las primeras iglesias continuaron esta tradición, aunque tras el Concilio de Nicea se estableció que fuera la cabecera la que estuviera orientada a la salida del Sol; de este modo, cuando iniciaba su ascenso, los rayos solares entraban a través del ábside iluminando el altar, una imagen del Mesías, origen de la luz que anuncia el nuevo día; por eso el Oriente ha sido considerado desde antiguo una imagen de Cristo, «la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo».

Sin embargo, en la actualidad, estas consideraciones, sobre todo en las áreas urbanas, donde no se dispone de espacios especialmente dedicados para templos, dejan de tener actualidad, ante la imposibilidad de orientar los templos, sino que los mismos son adaptados a las posibilidades que ofrecen los espacios empobrecidos del entorno. Como es el caso de la gran mayoría de los templos de la Ciudad y Puerto de Acapulco.

En el Templo del Carmen en Acapulco, providencialmente, y sin proponérselo los constructores, que hasta donde se sabe fueron contratados de la población de Colotlipa, Gro. Para ejecutar un proyecto del afamado Arquitecto Federico Mariscal, quien nunca vino a conocer el predio donde se ejecutaría el proyecto en cuestión, ni mucho menos conoció a los Maestros y albañiles que lo ejecutarían, pero la Divina Providencia se encargó del resto. Como se trata de una planta de cañón, el eje de la nave central lo está entonces de Oeste a Este. Se da entonces una alineación anual entre un vitral colocado en el frente del Templo, y que reproduce una magnífica imagen de Nuestra Señora del Carmen entre nubes, rodeada de ángeles, y el Sol. Se produce esta alineación al declinar el sol, cada 13 de Octubre, coincidiendo con el aniversario de la danza del sol, que tuvo lugar durante las apariciones de Nuestra Señora de Fátima. En esta dirección imaginaria, el perfil del relieve topográfico no impide que los rayos solares, cuando declina el sol, en punto de las 6 p. m., coincidiendo con el inicio de la celebración de la Santa Misa diaria, puedan atravesar el vitral del frente sin ningún impedimento.

Con esta disposición, el eje imaginario del Templo, se encuentra orientado hacia el punto de máxima declinación del Sol en su aparente recorrido por el firmamento.

Si pudiéramos alguna vez conocer la trayectoria que el Sol va a realizar ese día en nuestra latitud, podríamos comprobar si se produce una alineación. Para esto es necesario conocer la orientación del punto sobre el que se han de proyectar los rayos solares, tomando como referencia el eje Oeste-Este. En el Carmen de Acapulco, la línea imaginaria que une la Imagen de la Virgen del Carmen que preside el presbiterio y el vitral colocado al frente del Templo que, se corresponde con el eje longitudinal de la nave central .

La trayectoria del Sol pasa por este punto (el vitral colocado al frente del Templo) significa que, en ese momento, su altura sobre el horizonte permite que sus rayos, que entran en el templo a través del vitral, iluminen la Imagen de la Virgen del Carmen que preside el presbiterio de manera natural, conociendo la dirección de los rayos en función de la hora y el día (6 p. m.). Si es así, se trata de un efecto notable; la luz entrante se proyecta iluminando un disco luminoso que magnifica el efecto: el resplandor colocado por los fieles sobre la cabeza de la Imagen Sagrada, señalando con la precisión de un reloj la realización del prodigio anual.

Así pues, todo indica que la alineación se produce, confirmando que la posición del Templo, más que un simple elemento de carácter funcional, es un marcador astronómico y que, por lo tanto, se encuentra en una posición original, lograda admirablemente, aún sin buscar tal efecto.

La planta en forma de cañón del Templo del Carmen tiene ciertas peculiaridades que lo diferencian de otras construcciones de templos en Acapulco, al ser éste el segundo Templo construido en la historia de la Ciudad y Puerto, en 1949. El factor astronómico que estamos reseñando, resulta una feliz coincidencia. El camino del Sol, que queda indicado en otros casos donde el fenómeno es constatable, queda marcado y se puede observar que en el enlosado del templo, pero este recorrido en el Templo del Carmen de Acapulco queda imposibilitado, por la colocación del coro, precisamente en la misma posición del vitral, que solamente es librado hasta el momento de mayor declinación de los rayos solares.

Con la excelente aportación de un gran amigo español, Francisco Fons Laguna, quien es conocedor sobre el tema, y que nos ha contactado por internet,colaboró en el estudio del San Bartolomé y realizó un estudio de dos fenómenos solares que tienen lugar en la Catedral de Valencia, más concretamente  en el campanario de el Miguelete.
Ahora sabemos que le Templo del Carmen en Acapulco presenta las siguientes características:

     Las coordenadas geográficas del Templo Parroquial, son: Latitud 16º 51' 16,41" Norte, Longitud 99º 54' 28,42" Oeste ( o sea 6 horas, 39 minutos y 37,89 segundos de diferencia horaria).

      La orientacion del eje principal de la nave: está orientado al NE, concretamente a 75,15º.


Si algo caracterizaba la labor de los gremios de constructores medievales era el secreto que rodeaba todo cuanto pudiera tener alguna relación con su oficio. Así conseguían mantener a buen recaudo el saber heredado y la forma de llevarlo a la práctica, una tradición antiquísima que, generación tras generación y de forma oral, era transmitida de maestros a aprendices para evitar que terceros tuviesen acceso a una información que sólo estaba reservada a aquellos iniciados que habían demostrado, tras años de aprendizaje, su valía personal y profesional. Los cultores de este tipo de conocimientos, se sentirán felices de observar esta alineación que estamos reseñando. Como se puede ver, esta alineación equinoccial se produce in extremis, una colimación perfectamente ajustada al vitral colocado en el frente del Templo. Esta ubicación asegura que el efecto sólo se produzca en momentos muy determinados, evitando que la Imagen de Nuestra Señora del Carmen sea iluminada otros días.

El recorrido diario que realiza el Sol en los equinoccios no es idéntico y su elevación en el horizonte es algo mayor en primavera que en septiembre.   

Ya sólo quedaba una última incógnita por resolver. Al día de hoy, con los medios que contamos, no podemos precisar la fecha exacta del fenómeno, pero esperamos resolver esta cuestión en futuros trabajos: determinar las coordenadas espaciales que vinculan el templo con el movimiento aparente del Sol por el firmamento, ya que fue colocada de forma que providencialmente, indicara esta alineación equinoccial. Esto sólo es posible gracias a una cuidadosa planificación, que requiere profundos conocimientos astronómicos y unas técnicas de construcción muy depuradas. Una cosa es trabajar con escuadra y compás y hacer números sobre el papel, y otra muy diferente tener que levantar una iglesia de 25 metros de longitud por 9 metros de anchura, sobre la roca madre y salvando un desnivel de 5 metros de altura.

«Cuando el Arquitecto marca el centro de la futura edificación, sea esta la que fuere, de él salen las orientaciones espaciales: cualifica el espacio, de entidad microcósmica al macrocosmos». Gràcia Bonamusa, Josep M., Simbólica Arquitectónica, 2001, p.133.

¿Cómo no nos dimos cuenta antes? Nunca se nos pasó por la cabeza que éste fenómeno tuviera lugar en esta singular edificación. A simple vista, parece imposible que los rayos solares que entran por el vitral puedan llegar a iluminar la Imagen Sagrada de Nuestra Señora del Carmen, que está situada a más de 25 metros desde este punto. Pero la colocación en septiembre de 2011, de un resplandor sobre la cabeza de la Imagen, como homenaje en el 50 aniversario de la Erección Canónica de la Cofradía del Sacratísimo Escapulario, nos permitió apreciar con mayor claridad el fenómeno, magnificado por el mismo resplandor. Elemento suficiente para que en algún momento del año la luz solar que pasa por ese punto y pueda llegar a iluminarla.

En los equinoccios, el eje de rotación de la Tierra es perpendicular a los rayos solares, que caen verticalmente sobre el Ecuador. El eje equinoccial ha sido el más utilizado en la antigüedad para orientar ciudades, templos y altares; pues resulta idóneo para hacer llegar la luz solar a un punto determinado. En los equinoccios, la proyección de los rayos solares traza una línea recta. Con este método de observación se obtiene el analema de la latitud, que sirve para determinar la ecuación de tiempo que resulta fundamental para configurar el calendario civil. La proyección de los rayos solares que atraviesan en los equinoccios con el templo orientado según la disposición clásica, esto es, con la cabecera apuntando exactamente al Este. Funciona a la inversa en el Templo del Carmen de Acapulco, colocado de Este a Oeste. Como se puede prever, siguen una trayectoria recta mientras se desplazan, a medida que el Sol desciende por el horizonte, en dirección Oeste muy cerca del eje longitudinal de la nave mayor.

Puesto que la Imagen de Nuestra Señora está colocada de manera que sólo sea alcanzada por el Sol en momentos muy concretos del año, teniendo en cuenta la disposición de las entradas de luz, en esta posición la Imagen queda fuera del alcance de los amplios ventanales colocados generosamente en ambos lados del Templo (nueve en total) y debidamente orientada sobre el eje de la nave central.

Conseguir que la luz que entra por el vitral pueda alcanzar la Imagen en el presbiterio, en el Carmen de Acapulco, es un hecho meramente providencial, que no estuvo en la mente del proyectista, ni en el conocimiento de los maestros y albañiles. Como ya no podemos cambiarla de posición, ajustada a la alineación equinoccial, ni alterar la orientación del templo, queda la posibilidad de estudiarla, para un conocimiento informado. En la tradición astronómica de la antigüedad, el eje horizontal Norte-Sur cumple la misma función que el eje vertical cénit-nadir, por lo que sobre ellos se articularon todas las consideraciones referidas al simbolismo solar de los templos. En el ciclo anual, el eje Norte-Sur se corresponde con los solsticios, asociado al orden celeste (calendario solar y civil); y la dirección Este-Oeste, que es la natural para determinar la salida y ocaso del Sol, con los equinoccios, vinculada al orden terrestre (calendario lunar y agrícola). Como dato interesante, el popular y todavía en uso Calendario del más Antiguo Galván, indica que el 13 de Octubre, fecha probable para la alineación en 2012, en punto de las 6. 04 p. m. la luna entra en el signo de Libra.

Para algunos investigadores prácticamente toda la mitología antigua es una alegoría en clave astronómica que ha podido ser datada gracias al movimiento de precesión de los equinoccios; un conocimiento que se desprende de los distintos mitos recogidos a lo largo y ancho del planeta, algunos de ellos con más de 7.000 años de antigüedad. El marcaje de los solsticios y los equinoccios ha sido un asunto primordial desde que las primeras poblaciones prehistóricas iniciaran su andadura. Con el tiempo, los trabajos servirían para establecer los fundamentos de una nueva disciplina, la astroarqueología, cuyo objeto de trabajo es la datación de los templos y los yacimientos de la antigüedad de acuerdo a la posición de las estrellas en el firmamento o el movimiento aparente de los astros. La construcción de un templo puede dar lugar  y responder a la idea de perfección celestial implícita en su ubicación en relación al universo: su disposición está vinculada con los puntos cardinales y sus ejes coinciden escrupulosamente con estas direcciones. Miles de años después, la orientación de un edificio, una ciudad o un campamento, aún seguía teniendo un marcado carácter sagrado y ritual entre griegos y romanos. Los constructores egipcios pusieron todo su empeño en lograr una disposición que incluso hoy en día supondría un reto difícil de superar para nuestros mejores ingenieros y la tecnología más avanzada. No es de extrañar que, miles de años después, la orientación del templo, la ciudad o el campamento aún siguiera teniendo un marcado carácter ritual entre griegos y romanos, una tradición que fue transmitida a los gremios de constructores medievales.

Si bien no nos atrevemos a concluir que la orientación de todos los templos dependía –ni mucho menos éste en concreto, objeto de nuestra reseña- exclusivamente de hechos astronómicos, es conocida la importancia que esta operación tenía dentro de la tradición de la arquitectura sagrada, y por ello creemos que, cuando era posible y el terreno lo permitía, el maestro constructor no dudaba en incorporar relaciones astronómicas en el edificio que iba a construir, sobre todo en el caso de un recinto sagrado. Ahora bien, se produzcan o no las alineaciones solares de la forma que indicamos en nuestro trabajo, lo cierto es que la orientación del templo de Nuestra Señora del Carmen en Acapulco, aún sin ser clásica, , y desconocemos las razones por las cuales, confluyen en él estos elementos, lo que permite que los rayos solares descendentes que entran por el vitral, situado a Oriente, atraviesen la nave mayor hasta proyectarse, durante unos minutos, en la preciosa Imagen de Nuestra Señora del Carmen, colocada en el presbiterio, formando una iluminación natural anual que es todo un espectáculo, nos hace pensar que estas alineación solar respecto al eje natural Este-Oeste son precisamente las que nos revelan las claves astronómicas propias este singular Templo Parroquial.

No creemos que se trate de una cuestión menor, pues la operación de la orientación de un templo era un ritual que tenía un profundo significado para aquellos maestros de la piedra, ya que era la forma de vincular el templo al cosmos y sus ciclos y ritmos temporales, que se establecía en ocasiones en el día de su fundación, acaso la onomástica del santo de su advocación. María Cecilia Tomasini, en referencia a las técnicas empleadas para la construcción de un templo hindú, escribe que «existían expresiones matemáticas para calcular el día propicio para el inicio de la edificación, y otras, de importancia menor, que tenían en cuenta la casta del fundador y la duración del templo. En las ecuaciones ingresaban números que simbolizaban las ocho orientaciones cardinales, los planetas, los signos zodiacales, la duración del mes y de la semana».

Sea como fuere, la particular orientación de la Templo Parroquial de Nuestra Señora del Carmen en Acapulco a buen seguro tiene una razón de ser. De tener la confirmación de estos efectos de luz podríamos entrar a valorar el significado del culto relacionado al Sol Invictus: Cristo, en el contexto de este enclave suriano, que habría condicionado no sólo la orientación del templo sino también la ubicación de la preciosa Imagen en su interior, que se encontraría en el lugar donde la colocaron sus devotos, y que sin proponérselo, ahora sirve como marcador astronómico. Esta ingeniosa disposición lleva pocos años señalado la alineación solar, a manera de un reloj cuyas manecillas son los movimientos del sol en el horizonte a lo largo de año. Por otro lado, no deja de ser significativo que estas alineaciones solares giren en torno a una Imagen de Nuestra Señora del Carmen. Como escribe Alain Desgris “llama la atención el hecho de que…, las posiciones solsticiales señalan ciertos sitios, ciertas piedras, que están allí como otras tantas señales destinadas a seguir el camino de la verdad».

jueves, 13 de octubre de 2011

EL SOL DETENDRA SU DESTRUCTOR AVANCE ANTE UNA VIRGEN DEL CARMEN, CORONADA REINA.



EL SOL DETENDRA SU DESTRUCTOR AVANCE ANTE UNA VIRGEN DEL CARMEN, CORONADA REINA. 

TOMADO DEL BLOG RELIGION EN LIBERTAD. 13 octubre 2011

Un día como hoy no debe pasar desapercibido. El 13 de octubre de 1917 el sol bailó ante miles de testigos. Y Portugal se estremeció. No en vano el 13 de octubre será recordado como el día del milagro del sol. Y así lo sintieron las portadas de periódicos portugueses de la época. Desde un primer momento la gente pedía un milagro para poder creer en las apariciones de Fátima. Y la pequeña Lucia así lo demandaba a la Señora, apenada de que ante mensaje tan grave de conversión solicitado por la misma Madre de Dios, pocos fueran los que creyeran. “Haga un milagro, para que todos crean”. “Sí, lo haré”. Y ese día fue el 13 de octubre. Y entonces bailó el sol, cambiando de colores, para después ante una atemorizadas multitud lanzarse en zigzag en caída libre sobre la tierra. Pero se detuvo, para alivio de todos, y nuevamente zigzagueando recuperó su posición original.

Tanto da cómo ocurrió aquello, en qué consistió el milagro. Lo milagroso no sólo rompe las reglas ordinarias, sino que las descabala. Ningún observatorio astronómico percibió alteración en el sol, ni las órbitas de los planetas se vieron afectadas. Pero una multitud inmensa de personas (de 70.000 a 100.000 según los medios) llegó empapada por la pertinaz lluvia de octubre (cuando en octubre llovía) y en cuestión de minutos el astro sol no sólo jugó con su vista sino que secó casi instantáneamente sus ropas. Espectáculo sorprendente debió ser. Hasta los masones que lo presenciaron no pudieron dejar de admirarse. Luego llegaría aquella psicología barata a la que se acude para explicar lo inexplicable: delirio colectivo. Tanto da. El milagro se hizo para fortalecer la fe. Y lo consiguió. Luego fue el boca a boca, la prensa, las tertulias de café. Y los testigos que no olvidarían nunca lo que vieron.


Pero hoy en Fátima luce el mismo sol que en Vila Nova do Ourem. Nada queda de aquello. El 13 de octubre sólo queda en nuestra memoria como recuerdo de una confirmación, de un asombroso epílogo para unas apariciones inigualables. Por eso hay ciertas cosas que desconciertan, más aún, que no parecen encajar.

Vayamos al año 1978. Un cardenal llamado Albino Luciani escribirá un artículo en el que glosará uno de sus encuentros con la vidente carmelita. Sor Lucia tiene prohibido publicar, hacer declaraciones, recibir visitas sin permiso. Pero los obispos y cardenales están exentos de esa prohibición y Luciani fruto de esa prerrogativa ha visitado a la vidente varias veces. Poco después de ser nombrado papa corre el rumor de que la vidente le confirmó en una de aquellas visitas que saldría él elegido papa. Su circulo familiar ha sido el culpable de expandir el rumor, pues no olvidarán cómo regresó tras una de aquellas visitas. Su silencio, su “no os puedo decir lo que me ha contado sor Lucia”, su “no me preguntéis sobre ello”, su gravedad, preocupación y silencio. Por ello, años después de todo aquello, sorprende el contenido de ese artículo en el que relata y glosa su último encuentro con sor Lucia.

“De las apariciones, sor Lucia no me ha hablado. Yo solo le he preguntado algunas cosas sobre la famosa danza del sol. Ella no la presenció. Setenta mil personas, durante diez minutos seguidos, el 13 de octubre de 1917, vieron como el sol cobraba distintos colores, rotaba sobre si mismo 3 veces y descendía velocísimamente sobre la tierra. Lucia, junto sus dos compañeros, veía al mismo tiempo el sol detenido, a la Sagrada Familia y luego, en cuadros sucesivos, a la Virgen Dolorosa y Virgen del Carmen.” 

Nada extraño, todo familiarmente narrado, al estilo literario del que gustaba Luciani. La misma naturalidad del encuentro, de los datos, de lo sucedido. Como si tal cosa. La naturalidad de la fe de la que darían cuenta sus cartas publicadas bajo el título de Ilustrísimos señores. Pero algo no cuadra. 

Luciani ha tenido conversaciones previas con la vidente. El contenido de aquellas conversaciones se desconoce. Pero es hecho constatado que Luciani ha venido de uno de aquellos encuentros profundamente afectado. Y en su última conversación ¿hablan sobre el milagro del sol? Bien, asumamos esa conversación como real. Si Luciani está interesado sobre ese concreto milagro él mismo reconocerá que no es sor Lucia el mejor testigo al que acudir. Sor Lucia no vio el milagro del sol. Ni ella ni sus primos. Nada podría decirle. Pero para Luciani hay algo más, algo que trae causa en el milagro, pero que le sobrepasa. 

Para Luciani el milagro del sol era un signo, un símbolo de algo más profundo. Y por ello, seguía diciendo Luciani en aquel escrito de 1978: “creo que es lícito referirse (con fe humana) al signo del 13 de octubre de 1917 testificado hasta por los incrédulos y los anticlericales.” Llamará al milagro signo, señal, porque para él “tras el signo, es oportuno tener en cuenta las cosas subrayadas por este signo.” 

“Mirad al sol”, gritó Lucia. Y el gritar y asombrarse de la gente fue todo uno. Porque aquel extraño milagro de entrada dejó secas, en cuestión de minutos, las empapadas ropas de una asustada multitud que creyó caer muerta ante tal hecho. Pero Lucia no quería que miraran un sol danzando, cosa que por otro lado ella no veía, sino a un discurrir de visiones. 

“Aparecieron, al lado del sol, San José con el Niño Jesús y Nuestra Señora del Rosario. Era la Sagrada Familia. La Virgen estaba vestida de blanco, con un manto azul. San José también estaba vestido de blanco y el Niño Jesús de rojo claro. San José bendijo a la multitud, haciendo tres veces la señal de la Cruz. El Niño Jesús hizo lo mismo.

Siguió la visión de Nuestra Señora de los Dolores y de Nuestro Señor agobiado de dolor en el camino del Calvario. Nuestro Señor hizo la señal de la Cruz para bendecir al pueblo. Nuestra Señora no tenía espada en el pecho. Lucía veía solamente la parte superior del cuerpo de Nuestro Señor. 

Finalmente apareció, en una visión gloriosa, Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del cielo y de la tierra, con el Niño Jesús en los brazos.” 

Luciani en aquel encuentro indagará con la vidente especialmente sobre las visiones y su significado, pero todo ello envuelto en un discurrir milagroso del sol que ocurre paralelamente, de modo que el signo del milagro, debe ser explicado a la luz de las visiones. En este sentido se ha querido ver en las visiones una confirmación: el 13 de octubre la Señora se presenta, dice finalmente su nombre: “Soy la Virgen del Rosario”, por lo que esas visiones descritas no hacen sino confirmar tal afirmación, pues ¿acaso no se asiste a un transcurrir de misterios del Rosario? Pero para Albino Luciani había algo más, un significado más profundo. Para Luciani el milagro del sol de Fátima alertaba contra la apostasía silenciosa, y recordaba cómo la oposición al rosario dentro de la misma Iglesia era símbolo de pérdida de fe de quienes debían conservarla y enseñarla a los otros. Más aún, el milagro del sol también alertaba de esa iglesia en autodemolición que parecía querer destruir la fe del pueblo, la fe de la misma Iglesia. 

Pero, sinceramente, ¿qué relación puede tener las visiones descritas por Lucia y las visiones percibidas por miles de testigos con la interpretación de Luciani? Aparentemente ninguna, y eso es lo que no encaja. 

Decíamos al principio que el 13 de octubre de 1917 ha pasada al recuerdo de los creyentes como el día del milagro. Simplemente. Pero resulta que para un cardenal, un cardenal que durará 33 días en el trono de Pedro, es el 13 de octubre un día fundamental para entender el mensaje de Fátima. ¿Por qué? 

La persecución oficial a los pastorcitos tuvo causa primera en unos secretos recibidos el 13 de julio. Días después los masones dan inicio a una serie de actuaciones tendentes a conocer el contenido de ese secreto y, cómo no lo consiguen, a desacreditar las apariciones. Pero el móvil de todo ello son unos secretos que se les escapan de las manos. Y no sólo a ellos, la misma persecución sufrirá sor Lucia en la Iglesia, años después, a causa de aquel contenido misterioso. El mismo Juan Pablo II deberá sufrir las burlas y desprecio de muchos por su amor a Fátima y su deseo de hacer de Fátima centro de su Pontificado. Pero hete aquí que el cardenal Luciani pasa de puntillas por sobre el secreto, en aquellos años todavía no revelado, y se centra en la curiosidad del milagro, olvidando el 13 de julio y las persecuciones, para centrarse en la danza del sol. Es más, para deducir de ahí que todo ello no es más que el signo de algo como la apostasía y la autodemolición. Algo parece no encajar. Parece faltar alguna pieza, hasta el punto de que o bien Luciani guardaba un as en la manga -sabía más de lo que decía y conocía más de lo que callaba- o bien el 13 de octubre exige una profundización. 

En cierto modo la primera opción es más atractiva, periodísticamente hablando. De modo que vendría a confirmar que Luciani había recibido de labios de sor Lucia información relevante, personal en cuanto a su futuro como Papa, y sobre el destino futuro de la Iglesia. Cierto que esta opción no es descartable. Y el mismo Bertone, tratando de negarlo, casi la confirma en su entrevista con De Carli. Pero, en mi opinión, la segundo opción es la relevante: el 13 de octubre encierra un significado que ha pasado desapercibido y que Lucinani vio con meridiana claridad. 

Hagamos un juego, un simple paralelismo entre lo que vieron los niños y lo que vieron los peregrinos aquel 13 de octubre. 

Lucia y sus primos ven en el centro del sol la primera imagen, la Sagrada Familia, y grita aquel mirad el sol, entendiendo que aquello lo pueden ver todos. Pero no, cuando la multitud mira al cielo, el sol emerge de entre las nubes con una intensísima luz que sin cegar empieza a bailar ante sus ojos, cambiando de tonalidades. La gente exulta, goza admirada. Son sentimientos afines a la imagen del Rosario que ven los niños: los misterios gozosos contemplados en la Sagrada Familia.

Posteriormente el gozo del Rosario da paso al dolor, a esos misterios de dolor, la Dolorosa, Cristo camino del Calvario, y paralelamente la multitud grita atemorizada con un sol que ha dejado de jugar, de danzar, y que ahora zigzagueando, parece precipitarse contra la tierra. El miedo fue evidente. Los gritos de terror lo recogerán los periódicos de la época dando más dramatismo a un relato que sorprendió a todo Portugal. 

Y finalmente, tras el dolor la gloria. Representado por la vuelta del sol a su posición original, para alivio de las multitudes en paralelo a la visión contemplada por los niños del triunfo de María, coronada como Reina de Cielo y tierra. Por otro lado, curiosa metáfora visual que recordará a esa promesa de María el 13 de julio anterior.

Pero Luciani ve clara la relación más allá del paralelismo. Percibe todo ello como signo, como signo en paralelo, como discurrir de actos que teniendo en Cristo y su vida el modelo, será extrapolable a la Iglesia y su acontecer. Porque, ¿acaso las visiones, mientras la multitud contemplaba el milagro, no son una sorprendente metáfora de los tiempos? 

El gozo de la presencia de Dios en el mundo, la Sagrada Familia, deviene en paralelo con la danza del sol, gozosa, exultante. Pero la ausencia de Dios, el pecado del mundo, el desprecio de Dios, el odio a Dios -¿no está acaso representado por una Dolorosa y un Cristo camino del Calvario?- parece venir ejemplificado con un sol en caída libre a la tierra que parece destrozar todo y aniquilar todo. Y de nuevo la visión, ante el sufrimiento de una multitud aterrada viendo el sol despeñarse, un Cristo sufriente, invisible a sus ojos, les bendice. Como desconcertante imagen de los tiempos futuros que verán la crueldad y el dolor de los hombres como nunca antes –el holocausto nazi, la barbarie de las guerras, el comunismo- ante un silencio de Dios que calla y permite.

El 13 de octubre, bajo este prisma, se descubre resumen del mensaje moral de Fátima: porque es el Rosario el única arma dada al mundo para evitar su ruina. Pero al mismo tiempo como lectura nítida de lo que pasa y de cuanto pasará: porque ese astro cayendo era para el mismo Luciani signo de una Iglesia en autodemolición, signo de una apostasía de consecuencias incalculables, porque la cuando la fe desaparece sólo cabe la destrucción de todo. 

Y cuando todo parece perdido, cuando sólo queda esperar el final con un sol aniquilador, de nuevo resonará la promesa de María ahora representada por la Virgen del Carmen coronada y triunfante. El sol detendrá su destructor avance ante una Virgen del Carmen, coronada Reina. 

x cesaruribarri@gmail.com